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Batalla a más de 250 km/h

 

Es refrescante ver cómo los dos pilotos del equipo que domina se dan de collejas sin reservas en cualquier GP. Al menos, eso se vio en algunas ocasiones, hace tiempo, con McLaren o Williams. En la última década, pasó con McLaren -y lo dejo aquí, porque quiero seguir teniendo trabajo-, Red Bull -y las collejas fueron de verdad, como en Turquía-, o Mercedes -con momentos en que trazar a tres metros del ápice se le llamó ‘trazar normal’-. Y ya que este fin de semana, la F1 vuelve a Silverstone -a saber por cuánto tiempo-, he pensado en uno de esos GP que con el tiempo ha acabado teniendo un aura especial.

Silverstone volvió al Mundial en 1987, tras un año de parón para recibir mejoras en seguridad. Por seguridad, se quiere decir que en 1985 la pole obtenida por Keke Rosberg, con el Williams-Honda, llegó a los 259 kilómetros por hora de media, para un tiempo total de 1:05.591. Por aquel entonces, el plano del trazado en 1985 eran siete curvas, seis rectas y una pequeña chicane.

El propio Rosberg declaró cuando le preguntaron qué tal eran la rectas en el circuito: “¿Rectas? A 259 de media, el circuito es una gran sucesión de curvas”.

 

Para bajar la media y obligar a los coches a frenar, la chicane entre las curvas de Abbey y Woodcote se hizo más pronunciada, de izquierda a derecha, poco antes de la meta.

Metidos en faena, Williams siguió con su dominio en 1987, con una pole obtenida por Nelson Piquet, quien superó por solo siete centésimas a su compañero de escuadra, Nigel Mansell. Tercero, aunque a más de un segundo se situó Ayrton Senna, y cuarto fue Alain Prost.

Fue precisamente Prost el que protagonizó la salida, al superar a sus tres rivales y liderar… durante curva y media, ya que Piquet le adelantó sin miramientos llegando a Maggotts. Mansell, ansioso por superar a su rival brasileño en casa, tampoco tardó mucho en adelantar al entonces campeón del mundo y se sitúo detrás del Williams número 6.

La idea de Williams era de que ambos coches no entrasen a cambiar gomas, pero hacia mitad de carrera (en la vuelta 35), cuando Piquet tenía unos dos segundos de ventaja sobre Mansell, el británico entró a cambiarlas. El motivo fue que, desde la vuelta 15, había perdido uno de los contrapesos de la llanta y el inglés debía soportar vibraciones que fueron en aumento con el paso de los giros.

Piquet no tuvo estos problemas y siguió con el plan original de no entrar, conservando las ruedas en la medida de lo posible, para poder defenderse de Mansell. Éste, había salido de boxes a casi 30 segundos de su rival, y había empezado una remontada con el objetivo de repetir el triunfo de 1986 en Brands, y de lograr su tercera victoria parcial del año, tras la de Imola y la de Francia (esta última, la semana anterior), que le ayudaría a paliar los dos ceros de Bélgica y Mónaco.

El cambio de gomas surtió efecto inmediato, ya que Mansell recuperaba del orden de un segundo de media por vuelta, y aunque Piquet aumentó el ritmo, debía conservar gomas, y ambos también tenían que tener en cuenta el consumo de carburante, algo que preocupaba mucho al equipo.

Precisamente, Mansell dijo a posteriori que su indicador de combustible llegó a predecir que no acabaría la prueba. Sin embargo, siendo como es, el de Worcestershire hizo caso omiso y mantuvo su elevadísimo ritmo de carrera, que le llevó a batir el récord de vuelta nada menos que 8 veces.

A dos vueltas y media del final, Mansell ya tenía a Piquet al alcance y en la larga recta que lleva a Stowe (lo que hoy sería la zona trasera del trazado), engañó al brasileño al hacerle creer que iba hacia un lado de la pista, cambiando al momento de trayectoria. Esa maniobra hizo que el propietario del equipo, Frank Williams, dijese posteriormente: “Casi me caigo de mi silla de ruedas del susto, al verles hacer eso en una zona tan rápida”.

Así pues, Mansell logró una impresionante victoria… y se quedó sin carburante en la vuelta de honor, provocando que los fans casi le engullesen a él y al monoplaza ganador. El podio lo completó Senna, a más de una vuelta y el compañero de éste, Satoru Nakajima, fue cuarto, ya a dos vueltas. Los Lotus estaban equipados con la novedosa suspensión electrónica, pero en un trazado llano y liso en su asfalto, sin apenas baches como el de ese Silverstone, la puesta a punto del 99T era muy complicada.

En el 58º giro, Mansell estableció el nuevo récord de vuelta en 1:09.832. La media del inglés en carrera pasó levemente de los 235 km/h. Para la época, no está nada mal. Para que nos entendamos, la media de muchos de los coches de la época en ese GP, en cuanto Mansell y Piquet se enzarzaron en su lucha, fue de al menos dos segundos por vuelta más lentos. Y hablamos de nombres como McLaren, Lotus, Benetton, Brabham, Ferrari…

Hoy habría disturbios con esa diferencia entre los equipos…

 

 

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Periodista. Nacido en plena XX Edición de la Subida en cuesta a Montserrat estaba predestinado a ser un apasionado del motor. Más de 30 años dedicado a la Radio, TV, prensa escrita y ahora inmerso en la era digital. Defensa central (ya retirado) en los partidos amistosos de fútbol junto al irrepetible "Káiser" los jueves de Gran Premio en cualquier rincón del mundo. Tras "dejarse" la voz junto a Jesús Fraile en TVE y tener la fortuna de narrar ambos la primera victoria de Alonso en Hungría 2003, decidió que debía dedicarla durante años también al "doblaje". Desde 2014 PitLane para él es mucho más que un programa de motor