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Fernando ¿ me firmas la camiseta?

 

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Ver el paddock del Circuit de Barcelona lleno de gente paseando y disfrutando de una jornada de test, es una sensación muy positiva que realza el buen trabajo realizado por todos y cada uno de los componentes del amplio equipo del trazado catalán.

Ni un problema, ni un pero, todo en su sitio, los parkings exteriores con una gran afluencia de vehículos rigurosamente vigilados, los accesos señalizados correctamente, todo al más puro estilo Gran Premio a pesar de estar tan sólo en la segunda semana de test invernales.

Con esta buena armonía me adentro confiado por el pasillo central rodeado como de costumbre  de lujosos motorhomes y mecánicos trabajando, mientras cientos de aficionados no paran de fotografiar todo lo que ven a su paso sin que nadie les recrimine su actitud.

Incluso es fácil ver cómo el familiar de un campeón mundial (dos títulos consecutivos) se para una y otra vez en el corto trayecto desde el motorhome hasta el garage para atender a todos los que quieren una foto con el “padre de la criatura”.

Unos pasos más adelante la mirada se cruza con un conocido piloto que aprovecha un pequeño problema en su rojo monoplaza para coger en brazos a su hijo y pasear tranquilamente con él al mismo tiempo que sonríe (muy extraño en él) y atiende a los aficionados que se acercan curiosos al verle.

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Pero todo cambia en unos metros. Casi al final del paddock se agolpa un grupo de aficionados frente a una red de vallas que separan la zona de trabajo del equipo del pasillo central del respectivo motorhome, donde los invitados empiezan a degustar las elaboraciones culinarias del chef de la escudería.

Es tiempo para comer, el lunch time que dice oficialmente el reglamento FIA. Ese instante en que a las 13 horas todo se detiene para aprovechar al máximo la luz diurna y en consecuencia el trabajo en pista.

Los  fans se distribuyen con una estrategia ordenada a ambos lados: “tú ponte allí y yo me pongo aquí, y así si sale lo tenemos seguro”, comentaban entre ellos con fotografías y rotuladores en sus manos. Algunos niños se mostraban ilusionados mirando fijamente hacía el interior de la zona vallada cómo si fueran a aparecer nuevamente los Magos de Oriente y les trajeran sus regalos preferidos.

Esa singular espera cambia al escuchar una voz que dice: “Ahí está, ya sale, ya viene…”

Rodeado por dos componentes del equipo (uno de ellos su más fiel escudero) que se encargan de abrir paso aparece: el “piloto más buscado”.

Él, el dos veces campeón del Mundo, que fue capaz que millones de espectadores en nuestro país vibraran con un deporte en el que no hay once señores de corto jugando con una pelota contra otros once y uno que lleva un silbato. Si, él, Fernando Alonso.

Esa era la ilusión que se reflejaba en la mirada de los niños que le seguían gritando su nombre mientras recorría el corto trayecto con la mirada al frente y siguiendo los pasos de sus acompañantes que abrían el camino seguro.

“Fernando ¿me firmas la camiseta?, Fernando ¿me firmas la camiseta que he venido las dos semanas a verte?…”, el niño seguía insistiendo sin darse cuenta que su ídolo sólo seguía las indicaciones de los componentes del equipo que conseguían alcanzar y abrir la puerta del motorhome en el que le esperaban sus familiares más cercanos, unos amigos y su representante.

“Fernando, Fernando…” seguía resonando su nombre al mismo tiempo que el niño rompía a llorar junto a su madre que le consolaba diciendo: “seguro que ahora cuando acabe de comer te firma la camiseta, tranquilo cariño.”

Miraba esa escena y  recordaba tantas otras vividas en diferentes ocasiones y lugares que más vale olvidar y dejar en el baúl (ese que todos tenemos) de lo que no vale la pena o es inútil.

Me quedo con la ilusión del niño que es la que deberíamos todos mantener siempre, a pesar de que la realidad en situaciones como la de hoy te recuerda que “la vida sigue igual…”

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Periodista. Nacido en plena XX Edición de la Subida en cuesta a Montserrat estaba predestinado a ser un apasionado del motor. Más de 30 años dedicado a la Radio, TV, prensa escrita y ahora inmerso en la era digital. Defensa central (ya retirado) en los partidos amistosos de fútbol junto al irrepetible "Káiser" los jueves de Gran Premio en cualquier rincón del mundo. Tras "dejarse" la voz junto a Jesús Fraile en TVE y tener la fortuna de narrar ambos la primera victoria de Alonso en Hungría 2003, decidió que debía dedicarla durante años también al "doblaje". Desde 2014 PitLane para él es mucho más que un programa de motor