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Simple Minds siguen queriendo llegar a todos

Tras el fantástico concierto de The Psychedelic Furs en Razzmatazz 2, tres días después era el turno de Simple Minds. A diferencia de los Furs, los de Jim Kerr están inmersos en la promoción de su último disco “Walk Between Worlds”.

Foto: Abel Cruz

Tras la eclosión de los Minds en los 80 en Europa, con un trío de discos intachable como “New Gold Dream” (1982), “Sparkle in the Rain” (1984) y “Once Upon a Time” (1985), el gran salto del grupo llegó poco antes de la edición de éste último con “Don’t You Forget About Me”, para la banda sonora de “El club de los cinco”. La popularidad del grupo se prolongó en su último disco de los 80, “Street Fighting Years” donde, al igual que U2 años atrás, el grupo tocaba distintos temas de corte político, como el Apartheid, el totalitarismo, etc.

Jim Kerr / Foto: Abel Cruz

Pese a que aguantaron medianamente el tirón del grunge de principios de los 90 con “Real Life”, disco de corte más romántico, los Minds habían realizado una serie de cambios en su formación que, en mi opinión, acabaron mermando la calidad compositiva de los temas. Ello se hizo evidente en “Good News From The Next World” (1995), disco más rockero, pero con una evidente falta de variedad. Además, el grupo, al igual que los The Church de esa época, se centró en los dos únicos miembros originales supervivientes, Kerr y el guitarrista Charlie Burchill.

Charlie Burchill / Foto: Abel Cruz

Para 1997, el grupo pasó de Virgin a Chrysalis, reclutaron al productor que les marcó el camino a seguir en 1982, Peter Walsh, y se reencontraron con antiguos miembros, con quienes editaron “Neápolis” (1998). Esa obra marcó una vuelta un tipo de música más progresivo en términos de uso de la electrónica y de un cierto aire imprevisible, algo que se perdió en “Real Life”.

Simple Minds 2018 / Foto: Abel Cruz

De todos modos, cuando Chrysalis empezó su fusión con EMI y estos entraron en tratos con Warner, la edición del siguiente disco “Our Secrets Are The Same” entró en punto muerto, y ni siquiera la ayuda del añorado Jordi Tardà, quien pinchó con cuentagotas los temas del disco para presionar a la compañía, surtió efecto. El grupo acabó quedándose sin disco (que acabaría publicándose en 2004 dentro de la caja “Silver Box”) y sin discográfica, y tuvo que editar con cierta prisa “Neon Lights” (2000), disco de versiones entre las que destaca el “The Man Who Sold The World” de Bowie, y “Cry” (2001), en el que la banda viró hacia una música de corte más bailable.

Jim Kerr / Foto: Abel Cruz

“Black and White 050505” (2005) supuso una recuperación de la tensión rockera de “Good News From the Next World” con una mayor variedad. Esa variedad, un mayor flujo de ideas y la recuperación de antiguos sonidos y una mayor velocidad de decisión y de improvisación a la hora de crear las canciones, cuajaron en el recomendable “Graffitti Soul” de 2009.

Catherin AD, Jim Kerr, Sarah Brown / Foto: Abel Cruz

Esa inercia, pese a las distintas reediciones de material de su primera época y de diversas mini giras, sesiones de demos y de grabación, se mantuvo hasta 2014, cuando por fin se publicó “Big Music”, el álbum más cohesionado, enérgico y sólido del grupo desde “Our Secrets Are The Same”. Y esa cohesión/energía recibió un nuevo impulso gracias a la gira de versiones acústicas de 2017, con nuevos integrantes en la formación y una perspectiva de la música que mantiene la espontaneidad en un grado notable –la fuerza se mantiene intacta en vivo– teniendo en cuenta que Simple Minds ya tienen 40 años de historia y hace tiempo que crearon su “Sargent Pepper’s”.

Charlie Burchill / Foto: Abel Cruz

Esa energía se hizo evidente en la visita de los de Glasgow al Festival Jardins de Pedralbes 2018 en Barcelona.

Los Minds continúan mantiendo un factor de imprevisibilidad en sus repertorios donde mezclan sin complejos temas nuevos –sensacionales fueron “The Signal and the Noise” y “Summer” con preciosas imágenes de enormes nubes en la gran pantalla al fondo del escenario–, como clásicos de toda la vida, desde la inevitable “Don’t You Forget About Me”, a la legendaria “Mandela Day”, tocada ex profeso al hacer 30 años justos desde que la presentasen en el macro concierto del estadio de Wembley para la liberación del líder sudafricano, en 1988.

Mandela Day / Foto: Abel Cruz

El concierto no estuvo exento de sorpresas, al incluir Kerr y Burchill dos temas de su etapa más experimental, de 1981: “The American”, compuesta como una visión colorista de los Estados Unidos de la época; y “Love Song”, no prevista en el repertorio original del concierto, y que muchos recordaréis al ser la música de cabecera del programa nocturno del periodista deportivo José María García.

Jim Kerr / Foto: Abel Cruz

Dos cosas, una buena y otra no tan buena, quedaron en evidencia en este concierto de Simple Minds: la buena, que Charlie Burchill sigue siendo uno de los guitarristas mas infravalorados del post-punk británico. Humilde y con una notable alergia a ser protagonista por el mero hecho de ser guitarrista, Burchill sigue centrado en sus contribuciones a la música, con una notable versatilidad y una obstinación inquebrantable a trabajar para y por las canciones; la no tan buena, que Jim Kerr sonó agotado ocasionalmente, dejando el timón a Brown, quien trajo recuerdos de la primera corista de la banda, Robin Clark, por su contundencia vocal y su desparpajo sobre el escenario.

Charlie Burchill / Foto: Abel Cruz

Y para desparpajo, el de Osei, baterista extremadamente versátil y con recursos aparentemente inacabables. La londinense tiene todos los números para ser la nueva percusionista residente de los Minds.

Cherisse Osei / Foto: Abel Cruz

Tras una hora y cuarto, los bises trajeron un crescendo apoteósico, con “Barrowland Star” nuevo tema dedicado a la famosa sala de conciertos de Glasgow, “She’s a River” de 1995 y la eterna “Alive and Kicking”, que dejó una gran sensación de optimismo en el respetable.

Simple Minds 2018 / Foto: Abel Cruz

En definitiva, un concierto que tuvo de todo y para todos los gustos: clásicos, sorpresas, temas nuevos y antiguos, fervor y energía, tranquilidad y romanticismo. Un bolo clásico de los Simple Minds.